| Reflexiones sobre el artículo de Sean Field |
|
|
|
POR ADRIANA ECHEZURI Para quienes trabajamos con historia oral reflexionar sobre algunas cuestiones se ha vuelto indispensable. Field comienza preguntándose si la historia oral se ha vuelto respetable o si se ha integrado al conjunto de la práctica académica, e inmediatamente después plantea si esto es positivo o negativo. En primer lugar no se si el término correcto es “respetable”, quizás podríamos hablar de una “aceptación” de esta práctica por parte de aquellos que la defenestraban, pero tampoco hay un integración total. Y el aspecto negativo de esto sería, para Field, el hecho de que la HO pierda su carácter “subversivo”. Esto me lleva a pensar en cual es la definición de “HO” ¿qué consideramos HO? ¿es simplemente una metodología, una técnica, o el término encierra algo más? Retomo las palabras de Pablo Pozzi en Tucumán, citadas por Rubén Kotler: no hacemos historia oral, hacemos historia y usamos las fuentes orales cuando el tema así lo requiere, como usamos cualquier otro tipo de fuente que esté a nuestro alcance. Por lo tanto, estoy considerando a la HO una metodología, una manera de hacer historia, otra forma de hacer historia, ni exclusiva ni excluyente. Pero que quede claro, estamos hablando de historia. Por qué hago esta última aclaración, porque la utilización de fuentes orales no es exclusiva de la historia, hay otras ciencias sociales que trabajan con esto. Y aquí coincido con los planteos de Joutard (y de tantos otros) en que sería más exacto utilizar el término “fuentes orales” en lugar de historia oral. Porque HO hacemos los historiadores, simplemente porque hacemos historia. Y no se hace historia de la misma manera que en se hace antropología o sociología o la ciencia que sea. Por ende, no se hace el mismo tipo de análisis de una fuente oral desde cualquiera de estas otras ciencias. De hecho, si esta metodología tiene su base en la construcción de la fuente (entrevista), no va a ser encarada esa construcción de la misma manera, desde una disciplina o de otra. Pero volvamos a las preguntas de Field. Citando a Portelli en su respuesta a la pregunta si la HO se ha vuelto una moda, considera que hay cierto grado de respetabilidad que, evidentemente, antes no había. Ahora bien ¿se ha vuelto una moda? Y creo que acá tenemos que hacer otra disquisición. Por un lado, esta vorágine en la que están envueltos los profesionales de las ciencias sociales, hace que se tenga que producir cada vez más. Ya no alcanza con las carreras de grado, sino que tenemos una proliferación de posgrados que hacen que las producciones de tesis sean cada vez más amplias y variadas. En este contexto tenemos, por suerte, una gran mayoría de profesionales serios. Pero también hay de los otros, aquellos que no tienen escrúpulos y lo único que les interesa es producir en cantidad sin importar la calidad (uno de los defectos de un sistema que lo permite). En esos casos, podríamos decir que la HO es una “moda”, porque hay quienes piensan que con un par de entrevistas tienen todo “cocinado”. Convengamos que este defecto tampoco es exclusivo de la HO. Por suerte, y esto quedó demostrado en el último Encuentro realizado en Buenos Aires, el hecho de que tanto en los congresos como en las publicaciones especializadas se haya comenzado a trabajar con referatos, hace que este tipo de producciones “light” queden afuera del círculo. Quizás sea esta la causa (la de que haya referatos) que hace que la HO se haya convertido en “respetable”. En cuanto al carácter “subversivo” de la HO, no creo que sea algo que se puede “perder”. Si quienes trabajamos con esta metodología lo hacemos indiscutiblemente desde una posición ideológica tomada, difícilmente perdamos la condición de críticos, de analíticos, porque estaríamos perdiendo nuestra condición de historiadores. Otro de los planteos de Field tiene que ver con la proliferación de producciones audiovisuales. Y la respuesta a esto es similar a la anterior, para quienes trabajan seriamente, esto no es ni inconveniente ni perjudicial, al contrario. Es decir, la utilización de sistemas audiovisuales no tiene por qué modificar la esencia de esta metodología. Por último, Field habla del sentido que todos estos planteos tienen para la IOHA, y define a esta organización como “moderadamente política, y no deberá ser de otra manera” ¿qué quiere decir “moderadamente política”? Entiendo que una organización internacional, tanto como nuestras asociaciones nacional y provinciales o regionales deben ser lo suficientemente abiertas y democráticas, y si hablamos de política supongo que estamos utilizando la acepción aristotélica de la palabra. Por esto no me convence el término “moderado”. Porque una organización que nuclea, en este caso a profesionales de las ciencias sociales, no puede ser “moderadamente” nada. De todas formas, este es un debate que necesitamos darnos. Y creo que Praga puede ser un buen escenario para ello. |





















